Dios los bendiga.
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| Escrito por Dr. Ricardo A. Novoa Arciniegas |
| Jueves, 10 de Septiembre de 2009 15:33 |
El camino, la verdad y la vida
Para muchos, todo camino en la vida es perfecto; somos sensibles al dejarnos guiar por nuestros sentimientos, emociones y pensamientos, creemos en la auto suficiencia del ser humano para salir adelante. Siendo nosotros, en algunos casos, los que determinamos el camino a seguir, sin conocer si es bueno a malo. “En el camino del pueblo de Israel guiados por Moisés. Y habló Dios todas estas palabras, diciendo: Yo soy Jehová, Tu Dios que te saqué de la tierra de Egipto, de la casa de servidumbre. Y les entregó los diez mandamientos: No tendrán dioses ajenos delante de mí. No te harás imágenes, ni ninguna semejanza de lo que está arriba en el cielo, ni abajo en la tierra, ni en las aguas debajo de la tierra. No te inclinarás a ella, ni las honrarás; porque yo soy Jehová tu Dios fuerte, celoso, que visito la maldad de los padres sobre los hijos hasta la tercera y cuarta generación de los que me aborrecen”. Ex. 20:2-5. “Jesús les dijo a sus discípulos: No se turbe vuestro corazón; creéis en Dios, creed también en mí. En la casa de mi Padre muchas moradas hay; si así no fuera, yo os lo hubiera dicho; voy, pues, a preparar lugar para vosotros“. Jn. 14:1-2. Dios es un Dios celoso, que no comparte su gloria con nadie. Él demanda adoración de nosotros, además Él debe ser el centro de nuestra vida. Cuando Dios llamó a Moisés para que libertara al pueblo de Israel de la esclavitud de Egipto, Él le dijo: Diles que yo soy el que te envía. Con este nombre se identificó Moisés ante el faraón y su pueblo. Por otra parte, Dios le había prometido a Abraham y a su descendencia que les daría la tierra prometida. A pesar de la desobediencia de su pueblo, en el trayecto hacia la tierra prometida, una tierra de abundancia que Dios había preparado para ellos en el A. T. Los protegió en el desierto con una nube protectora de sol en el día y una columna de fuego por la noche. Para nosotros que vivimos en este tiempo, Dios nos ha preparado una tierra prometida, espiritual (el cielo). Esta es la nueva herencia que él nos ofrece. Para cumplir con este plan, Dios mandó a su Hijo Jesucristo; para que nos liberara del pecado, y de la influencia de Satanás sobre este mundo para llevarnos al lugar que ha preparado para nosotros. Jesús les dijo a sus discípulos: “Y sabéis a donde voy, y sabéis el camino. Le dijo Tomás; Señor, no sabemos a dónde vas; ¿Cómo, pues, podemos saber el camino? Jesús le dijo: Yo soy el camino, y la verdad, y la vida; nadie viene al Padre, sino por mí”. Repite esta oración con voz audible para recibir al Señor en tu corazón: Oración de fe. “Padre, vengo a ti en el nombre de Jesucristo, reconozco que soy un pecador, que he vivido lejos de ti, me arrepiento de mis pecados y de mi rebelión. Te pido que me perdones, me cambies y me traigas a tu Reino por medio de la sangre de Jesucristo que fue derramada para mi salvación. En este día yo declaro tu Palabra. Confieso que Jesucristo es el Señor y que Dios le levantó de entre los muertos para mi salvación. Yo recibo a Jesucristo como el Señor y Salvador de mi vida, y viviré con la ayuda de tu Espíritu Santo bajo el poder de tu reino”.
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