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| Escrito por Dr. Ricardo A. Novoa Arciniegas |
| Miércoles, 12 de Mayo de 2010 16:45 |
LA ESPADA DEL CREYENTE
Como lectores y creyentes de la Biblia, deberÃamos estar buscando un mandamiento que obedecer, una promesa que creer, un pecado que evitar, un ejemplo a seguir, un mal ejemplo que esquivar y una advertencia para atender. También la Palabra de Dios puede hacerme sabio para salvación, obrar poderosamente en mÃ, alimentarme y ayudarme a crecer; edificarme, mantenerme en el camino de Dios, fortalecerme, guardarme del pecado, guardarme del error, del temor al futuro. Puede advertirme, protegerme, darme alegrÃa, animarme, hacerme libre, hacerme santo, salvar mi alma. Puede revelar a Jesucristo, el objeto de la fe salvadora. Cuando comenzamos a leer la Biblia sabemos que Dios permite los sufrimientos, las enfermedades, los pesares y las aflicciones, ya que Él mismo ha ordenado que su palabra, hecha poderosa por el EspÃritu, lleve consuelo y fortaleza a sus fieles. Por cuanto la palabra de Dios es viva, tiene poder para revivir y renovar a los que habitan en ella y en Dios. Cuando se encuentre afligido, el creyente debe volverse al Señor y a su Palabra y esperar que su EspÃritu le dé paz en su corazón. ¿Alguna vez has escuchado que alguien llama la Biblia una "espada"? Tal vez eso se escuche como una comparación extraña, porque la espada es filosa y se usa en las batallas. Pues bien, la Biblia también es filosa y la Biblia es usada en las batallas espirituales. La Palabra de Dios contiene la verdad, y la verdad puede ser más cortante que cualquiera espada de dos filos. Cuando la gente oye la verdad, debe tomar una decisión, seguir la verdad o pelear contra ella. Pelear contra la verdad puede ser muy difÃcil. Al final, es una batalla que se pierde, porque siempre es Dios quien gana. La palabra de Dios dice que es "viva y eficaz", dando a entender que su palabra se cumple siempre. Se cumple si se habla de castigo, y se cumple si se habla de reposo. La Palabra enfatiza que todo queda descubierto de¬lante de sus ojos. Es decir, nadie puede escapar de su juicio. Tenemos, pues, una promesa y una advertencia, las dos cosas basadas en la palabra de Dios que siempre se cumple al pie de la letra. Por lo tanto, debemos tomar muy en serio sus palabras, promesas y adverten¬cias que nos ha hablado. No debemos rechazar ni descartar ninguna de ellas. Nuestro Dios vivo es completamente fiel, confiable, digno de que le oigamos en todo. Lo que dice es correcto, porque lo que hace es correcto. Sus palabras se basan en sus hechos. No se equivoca. No comete errores. No tiene que pedir disculpas. Amen.
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