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Mirador Espiritual PDF Imprimir E-mail
Escrito por Dr. Ricardo A. Novoa Arciniegas   
Domingo, 11 de Abril de 2010 23:22

LA SANTIDAD DEL CUERPO

LA SANTIDAD DEL CUERPO

¿A qué será semejante nuestro cuerpo? Fil. 3:21 “El cual transformará el cuerpo de la humillación nuestra, para que sea semejante al cuerpo de la gloria suya, por el poder con el cual puede también sujetar a sí mismo todas las cosas”.

Tu cuerpo, templo del Espíritu Santo: Nuestro cuerpo es templo del Espíritu Santo. 1 Co. 6:19-20 “¿O ignoráis que vuestro cuerpo es templo del Espíritu Santo, el cual está en vosotros, el cual tenéis de Dios, y que no sois vuestros? Porque habéis sido comprados por precio; glorificad, pues, a Dios en vuestro cuerpo y en vuestro espíritu, los cuales son de Dios”.

Dos razones por las cuales no somos dueños de nuestro cuerpo: a) Somos creación de Dios; b) Nos compró por precio.

¿Qué debemos hacer con nuestro cuerpo y espíritu? Dios llama a tu cuerpo “Templo” y no simplemente habitación o morada. Templo es un edificio dedicado consagrado, separado, santificado para Dios y no para usos profanos.

Los pecados contra el cuerpo: La fornicación: a) ¿Qué sucede al que se une a una ramera? Co. 6: 13-18 “Las viandas para el vientre, y el vientre para las viandas; pero tanto al uno como a las otras destruirá Dios.

Pero el cuerpo no es para la fornicación, sino para el Señor, y el Señor para el cuerpo. Huid de la fornicación. Cualquier otro pecado que el hombre cometa, está fuera del cuerpo; mas el que fornica, contra su propio cuerpo peca”.

Comentario: HUID DE LA FORNICACIÓN. Dios aborrece expresamente la inmoralidad sexual. Más que ningún otro acto pecaminoso, profana el cuerpo, el cual es templo del Espíritu. Por eso Pablo exhorta a los creyentes a que huyan de la fornicación. El empleo del tiempo presente aquí indica que el creyente debe huir repetidamente de la fornicación.

El cuerpo del creyente es la habitación personal del Espíritu Santo. Debido a que el Espíritu vive en el creyente y éste le pertenece a Dios, su cuerpo nunca debe mancharse con ninguna impureza ni maldad, ya sea con pensamientos, deseos, acciones, películas, libros, revistas inmorales. Mas bien, debe vivir de manera que glorifique y agrade a Dios en el cuerpo.

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