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| Escrito por John Molina |
| Sábado, 06 de Febrero de 2010 15:54 |
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Amigos: Otra vez es Febrero! El mes que todo lo pinta de rojo pasión y de corazones. Si todo el año fuera igual, aún con todos los mensajes subliminales presentados por la publicidad, que nos motivan a expresar nuestro “amor” con regalos, creo que el mundo sería mejor. Más que cualquier otra asociación, San Valentín lo relacionamos con el amor romántico y pasional entre dos personas. Ese sentimiento que demanda contar con la presencia del ser amado, sentir a esa persona ahí, cerca de nosotros. Compartir tiempo, experiencias... ¡una vida! Pero hace unos meses, estuve leyendo dos libros muy interesantes que me enseñaron que el amor, también puede ser “demasiado” grande, y que caer en ese mal, no es saludable. Quiero compartir con ustedes la enseñanza. Ambos libros, uno escrito por Robin Norwood; y el otro, por Jaime Jaramillo, coinciden en afirmar que llega un momento en el que los seres humanos “amamos demasiado”, a tal punto que afecta nuestro amor propio. Cuando enamorarse significa sufrir, perder la paz interior, despreocuparnos por nuestros asuntos, para centrarnos en los de la otra persona. Cuando justificamos su mal comportamiento hacia nosotros, sus malos hábitos y toleramos sus agresiones. Cuando pensamos, “algún día cambiará”, y pretendemos ser protagonistas de dicho cambio, entonces es cuando estamos amando demasiado. Este sentimiento, es el resultado de muchas variables en la vida de quien lo experimenta; son tantas y tan complejas, que deberíamos escribir una sola edición sobre el tema. Creo que lo realmente importante a resaltar, es que debemos aprender a amarnos y respetarnos a nosotros mismos, más que a otra persona. En la medida que lo logremos, habremos dado el primer paso para amar pura y libremente, sin aferrarnos y sin imponer o imponernos ataduras. Porque amar significa precisamente eso. Ser arquitectos de un sentimiento construido en una base donde reine el respeto, la autosuficiencia, la libertad y la entrega total, pero una entrega caracterizada por la conciencia de que mi felicidad, no depende de nadie, mas que de mi decisión de serlo. Bueno amigos, disfruten esta edición, que les anticipo, viene tan Candela y ardiente, como lo amerita la ocasión. ¡Feliz mes del amor y de la amistad! Bendiciones.
Yany González Directora y editora Candela Magazine
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