Estimado lector, qué maravilloso es saber que Dios pondrá fin al pecado, las luchas y las guerras; es decir, ¡a todo lo que nos hace sufrir! Esta lección nos enseña que Dios tiene en reserva para el futuro, días muy felices para sus hijos. El sagrado Libro nos dice lo que sucederá cuando regrese nuestro Señor Jesucristo. Aparecerá en las nubes, como Rey de reyes y Señor de Señores, acompañado de sus santos ángeles para llevarse con Él a todos los que le recibieron como su Salvador.
En vista de lo anterior, los sufrimientos de nuestra vida debemos enfrentarlos teniendo el pensamiento y la mirada puesta en la esperanza de la vida eterna y permaneciendo en oración constante.
Ro. 12:11 y 12 “En lo que requiere diligencia, no perezosos; ferviente en espíritu, sirviendo al Señor” “gozosos en la esperanza; sufridos en la tribulación; constantes en la oración”.
I. Gozosos en la esperanza. En esta carta el apóstol Pablo nos dice que nuestro gozo no tiene que depender de las circunstancias que vivimos a diario, sino en la esperanza para la cual Dios nos habla en su palabra.
“Tampoco queremos, hermanos, que ignoréis acerca de los que duermen, para que no os entristezcáis como los otros que no tienen esperanza”. 1 Tesalonicenses 4:13. En este versículo, el apóstol Pablo nos alerta a dejar la ignorancia del modo que suelen estar los demás hombres que no tienen la esperanza de la vida eterna, porque si creemos que Jesús murió y resucitó, también debemos creer que Dios resucitará y llevará con Jesucristo a los que murieron en la fe y amor de Jesús.
Los justos que “duermen en Jesús” no quedarán en la tumba, esto es lo que quiere decir la promesa del Santo Libro.
Los seres amados que la muerte nos quitó, saldrán de la tumba revestidos de inmortalidad.
¡Qué glorioso será cuando, liberados definitivamente del mal, estemos para siempre junto al Salvador! Él llama a ese despertar de los justos muertos “la resurrección de vida” (San Juan 5:29).
¡Qué admirable será el regreso del Señor con sus ángeles! No será una cosa secreta. Será un espectáculo majestuoso que todos verán. Los impíos no podrán soportar su resplandor para no verlo, suplicarán a las montañas que caigan sobre ellos, sólo los justos sobrevivirán, no morirán.
La Palabra de Dios dice claramente que saldrán de sus tumbas y se unirán a los justos que no murieron y con ellos irán al cielo. Allá moraremos, porque la tierra quedará inhabitable durante un tiempo ¿Qué harán los justos mientras estén en el cielo? He aquí la respuesta que nos da San Juan: “Y vi tronos, y se sentaron sobre ellos, y les fue dado juicio; y vi a las almas de los degollados por el testimonio de Jesús, y por la palabra de Dios, que no habían adorado la bestia, ni a su imagen, y no recibieron la señal en sus frentes, ni en sus manos, y vivieron y reinaron con Cristo mil años (Apocalipsis 20:4).
Bendito el Dios y Padre de nuestro Señor Jesucristo, que según su grande misericordia nos hizo renacer para una esperanza viva, por la resurrección de Jesucristo de entre los muertos, para una herencia incorruptible, incontaminada e inmerecida reservada en los cielos para vosotros, que sois guardados por el poder de Dios mediante la fe, para alcanzar la salvación que está preparada para ser manifestada en el tiempo postrero. Pedro 1:3-5
